La Voz Bautista

Comunicaciones UBACH

El lugar de la mujer en el corazón de Dios

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.” (Génesis 1:27-28, RV60)

En la actualidad, para hablar de temas de feminidad, se suele consultar diversas fuentes del saber que se vinculan, por ejemplo, a la sociología, psicología, política y a la antropología. Sin embargo, como gente de fe, miembros del cuerpo de Cristo, nuestra principal referencia está en la Palabra de Dios, sin negar la conexión que se ha de tener con otras fuentes y con el contexto donde nos corresponde ser iglesia. Partiremos, pues, en Génesis, destacando del relato de la creación principios que ayuden a entender el lugar que tiene la mujer en el corazón de Dios.

El pasaje de Génesis 1:27 – 2:25 muestra la narración de la creación, en especial, del género humano, varón y hembra, creados semejantes a Dios. Expresamente dice: “Cuando Dios creó al hombre,
lo creó a su imagen; varón y mujer los creó” (Gén. 1:27, DHH). Esa imagen y semejanza que se menciona refieren al parecido que tienen con Dios. Es decir, Dios es persona, espíritu, un ser relacional, comunicativo y es amor, por mencionar solo algunos de sus atributos esenciales y morales. Entonces, la cualidad personal y espiritual del ser humano provienen de Dios y no son el resultado de esfuerzos propios. Esto es lo que provee marco, esencial y comportamental, a las maneras de ser mujeres en el día de hoy.

Desde los inicios del mundo ella ha recibido esos rasgos que la hacen anhelar una adecuada relación espiritual con el Creador, con sus congéneres, consigo misma y con el mundo creado. Además, este hallazgo, muestra que la dignidad de la que tanto se habla hoy en diversos espacios de la vida social es realmente un legado que originariamente ha sido otorgado por Dios. ¡Qué maravilla poder regresar al Génesis para darse cuenta de que, en el corazón de Dios, hubo siempre lugar para la mujer, una persona, una adoradora, creada a su imagen y semejanza!

Por otra parte, hay que destacar que el mandato de extensión de la humanidad y de la administración de todo lo creado fue designado para ambos, para hombre y mujer, sin distinción. Al leer “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread…” se puede notar que hay un trato plural, igualitario; una designación de responsabilidades compartidas, oportunidades en común para el servicio a Dios y al mundo.

Otro aspecto importante es aportado por el capítulo 2:18-25 de Génesis. Al leer el detalle de la creación del ser humano encontramos a Dios que observa todo lo creado reconociendo que no había compañía de las mismas características para la especie humana. Ese es el sentido de la expresión “No es bueno que el hombre esté solo”. La plenitud del ser humano se encuentra en la compañía y ayuda mutua, comprendida sin los prejuicios extremos del machismo o del feminismo más radical. Dios creó en perfección, manifestando que en ese encuentro diverso había balance, complemento y mutualismo. Hemos cometido el error de leer este pasaje, clave para la reflexión bíblica en temas de feminidad, con nuestras propias distorsiones, producto del pecado. Por eso, es apropiado afirmar que lo idóneo, del hebreo négued, aquí no está hablando de subordinación ni sumisión. Plantea el problema de la falta de otro, una andante, dos en un mismo sendero, para acometer la vida en sus variados ámbitos partiendo por el matrimonio, siguiendo con la familia, la iglesia y la sociedad en general. Nos hace bien esta clarificación para entender que, desde la perspectiva de Dios, la relación hombre- mujer no tiene sentido utilitario ni autoritario. Tampoco niega el orden de Dios en términos de las relaciones entre esposos ni en las dinámicas de iglesia.

La interdependencia y la igualdad, como una expresión del trato honroso, que se rescata de traducciones más actuales para el vocablo griego jupotásso, comúnmente definido como sumisión en las Cartas Paulinas, no son contrarios desde la perspectiva divina. En todo caso, hace ver la tensión creativa entre personas que se aman, comparten un proyecto de vida común, establecen relaciones de respeto, ceden en sus apreciaciones, asumen sus roles, están dispuestos y capacitados para dar, recibir y decidir; y, se complementan mutuamente asumiendo el sentido de vida y propósitos en Dios, desde la creación, tanto de manera individual como comunitaria.

Finalmente, hay que precisar, a partir de esta breve revisión del Génesis que, las mujeres han sido creadas por Dios, con dignidad, capaces de adorar a Dios de manera exclusiva, con habilidades relacionales en marcos de matrimonio y familia, además de otros ámbitos comunitarios. En ellas reposa el soplo de Dios, semilla de adecuada espiritualidad que brotan en Su presencia, consigo misma y en contacto dinámico con otras personas. Esto es lo que les permite ser siervas de Dios, la iglesia y del mundo. Tal comprensión permite acercarse al texto bíblico, procurando sanas reflexiones teológicas, respondiendo a las preguntas contextuales que muchos hacen a la iglesia de Cristo. ¿Qué tiene que decir la Biblia sobre mujer y violencia intrafamiliar? ¿Cómo se acompaña a la mujer en medio del fenómeno migratorio? ¿Hay lugar para la teología y la mujer? ¿Qué decir de su participación ministerial? ¿Podemos establecer un vínculo relevante entre la mujer y la sociedad? Estas son solo algunas de las temáticas sobre las que necesitamos dialogar. La sociedad cuestiona constantemente el rol de la iglesia por los desvíos que se han perpetuado en contra de las mujeres. Es tiempo de releer, revaluar, replantear y responder en base a lo que revela el corazón de Dios a través de su Revelación Escrita en áreas tan atingentes.

“Señor, oramos por las mujeres, unas más cercanas y otras más lejanas a nuestras realidades. Qué ellas puedan tener una sólida identidad que se sostiene por saberse creadas por Ti. Rogamos que todos los miembros de la familia, la iglesia y la sociedad puedan comprender esta verdad tan profunda que implique un trato digno, respetuoso, participativo, justo. Que sean libradas del impacto de la desigualdad y la opresión producto de erróneas interpretaciones. En Jesús elevamos estas peticiones” ¡Amén!

Tamar Montilla
Licenciada en Educación Diferencial]
Magister en Orientación de la Conducta Humana
Estudios Teológicos a nivel de Licenciatura
Estudiante del Magister en Estudios Teológicos del STBS- STB

Decana Académica del Seminario Teológico Bautista de Chile
Miembro del equipo pastoral Iglesia CEBAP

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.